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Federico Amendolara, argentino de 36 años, trabajaba como cocinero en un hotel de lujo en Buenos Aires. Hace cinco años y buscando nuevos retos, hizo las maletas y se plantó en Madrid junto a su mujer, Vicky, y su hija. Su sueño era tener su propio local, pero, ay, queridos lectores, ya sabéis que para montar cualquier cosita en la capital hay que invertir un pastón (las ayudas o excenciones a los empresarios y autónomos siguen en paradero desconocido) y Federico optó por la hostelería más molona: la que se mueve sobre ruedas.

Compró un food truck de segunda mano, lo transformó en una cocina, cumplimentó los no pocos papeles, formularios y testamentos que hay que rellenar para poder ejercer actividades en España y se lanzó la carretera.

¿El resultado? Cuatro baguettes con nombre de mujer, Silvia  (roast beef), Alicia (cerdo asado), Victoria (salmón ahumado) y Lupe (vegetariano). Corresponden al nombre de su suegra, su madre, su mujer y su cuñada.

FOTOGRAFÍA: JOSETXU MIGUEL

TEXTO: TERESA CASTANEDO