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                                                 MI HIJA, MI MARIDO… ¡Y MIS BIZCOCHOS!

Blanca Sppotorno trabajó muchos años como politóloga en una organización relacionada con la cooperación internacional. Los bizcochos, por aquel entonces, sólo eran una gran afición. Un día puso un puesto en un mercadillo y para su sorpresa, vendió más de 50 bizcochos.

Animada por el éxito, compaginó sus tareas profesionales (que también pasaron por ayudar a su madre en una tienda de vajillas) con la harina y el horno. Pero llegó el momento de decidirse. O todo o nada. Y dió el salto: invirtió todos su ahorros en crear su marca, Un Bizcocho para Teo y organizar un obrador profesional y obtener las licencias.

Blanca, de momento, se encarga de todo: de cocinar (entra en el obrador a las cinco de la mañana) pero también del packaging, del marketing, de las redes sociales y de la labor comercial. Sólo se desentiende de los números: afortunadamente su marido le hace las cuentas.

El nombre de esta pequeña empresa viene de su perro Teo, que siempre miraba a Blanca embelesado mientras ella sacaba bizcochos del horno. Pero a los perros les sienta mal el dulce, y el pobre Teo sólo tiene el honor de dar nombre al proyecto, no de catar el producto.

Blanca remarca que sus bizcochos no son un producto para consumir a diario (aunque también), sino más bien un capricho, un regalo, una delicia para un día especial.

Lo que más le gusta es crear e inventar mezclas y su favorito es el de zanahoria. ¡Pero el de queso se vende muy bien!