Pedro Dorado es guarnicionero, como su abuelo. Él y su hermano heredaron el oficio y el negocio familiar de Madridejos (Toledo) pero quisieron “darle una vuelta”, y comenzaron no solo a reparar, sino también a restaurar las piezas valiosas de los clientes, a cambiar asas de bolsos y a personalizar cualquier objeto de cuero. Ahora, desde su nuevo taller en Perales del Río (Madrid) trabajan también para ganaderías y el mundo de la hípica. 

Pedro dice que no es muy hábil comunicándose porque es muy tímido y que su forma de relacionarse con los demás es a través de sus creaciones y mediante la simpatía de su mujer, Mamen, que lleva las redes sociales y que fué la impulsora de que Pedro estuviera en Mercado de Motores. Se conocieron en una excursión de montañeros en Los Alpes y resulta que, además de enamorarse, se dieron cuenta de que eran casi vecinos. Una feliz coincidencia que ha conseguido que Pedro pueda dedicarse a lo que más le gusta -trabajar con sus manos y el cuero- y ella, a divulgar la artesanía de su marido.

Pedro está convencido de que sus piezas gustan porque duran. Y la durabilidad es un gran valor en este mundo en el que cambiamos todo cada pocos meses.