Cuando Guillermo Rayo se sube (o se baja) del escenario, comienza un show del que ningún visitante de Mercado de Motores puede escapar. Baila, se contonea, se retuerce y parece poseído por el diablo: el de la música de los Rolling Stones, que él y su banda “clavan” en la versión musical pero también en la estética. !Por eso se forman esos conciertos donde todo el mundo se convierte en Mick Jagger!